La evolución cósmica contiene, en su proceso interno, la aparición de los cuerpos humanos, que, a su vez, se absorben en el proceso general. Cuando este proceso es analizado a la "escala" de los cuerpos humanos, de suerte que desde la "interioridad" de esos mismos cuerpos se plantea la recurrencia del proceso mantenido a esa escala, entonces aparece el proceso evolutivo mismo en la forma de Producción. La Idea de Producción comienza ahora a ser una Idea filosófica central -y no sólo un concepto categorial de la Economía política. La Idea de producción, como alternativa genuina de la Actividad del Espíritu del Idealismo alemán (o del Espíritu como Actividad). Producción no es sólo fabricación (que reduce la Idea a M1), ni tampoco creación poética (que se reduce a M2). Es necesario apelar a M3 para llevar adelante la Idea de Producción -a contenidos M3 que nos presentan precisamente, como unidades ideales, a nuestros cuerpos. Sólo en este sentido recuperamos la profundidad de la evidencia de Spinoza: "el cuerpo es la Idea mediante la cual el alma se piensa a sí misma". La objetivación del propio cuerpo es el proceso mediante el cual, y en el curso mismo de corrientes que lo desbordan (como figuras inconscientes), se realiza la Producción. Marx ha sido quien ha introducido esta Idea en Filosofía. Al ligar -ya en los Manuscritos- la Idea de objetivación (Vergegenständlichung) -procedente de la filosofía clásica alemana- con la Idea de fabricación -procedente de la Economía política, que, a su vez, interfería aquí con la Tecnología-, Marx ha situado la Idea de Producción al nivel de los principios mismos de la Antropología Filosófica. Marx ha usado ulteriormente, según las variaciones más insospechadas, la Idea de Producción, pero no la ha expuesto académicamente. El análisis de la Idea de Producción es una de las tareas abiertas a la filosofía materialista del futuro.
Gustavo Bueno
Ensayos materialistas (final).
Asumiendo el riesgo de parecer excesivos -aunque 'sólo lo difícil es estimulante', diríamos, en todo caso, con Lezama Lima-, optamos no obstante por una entrada tan extensa como la que preside estas consideraciones iniciales sobre la Economía política en atención al propósito fundamental, ajeno a toda erudición gratuita, de proyectar en su más alto grado de significación ontológica y problemática la escala crítica, vale decir filosófica, desde la que queremos abordar las cuestiones relativas a la razón económica.
Y es que, en efecto, la razón económica se nos presenta, cuando la vemos desde la perspectiva materialista, como intercalada orgánica, constituivamente con la razón política: la economía es para nosotros siempre, por tanto, economía política. Y es en virtud de esto que la racionalidad económica debe ser vista, para poder así apreciarla en su cabal sentido, como trabada con las formas en que la prudencia y la razón moral nos han sido dadas históricamente.
Y si la política es a su vez -como puede advertirse en nuestra sección de Teoría política- uno de los estratos ontológicos fundamentales de configuración práctica de las sociedades humanas, estamos por tanto obligados a otorgrar un estatuto problemático de similar magnitud y proporción a las cuestiones propias de esa disciplina que con Marx hubo de encontrar, a través de la Idea de Producción, como magistralmente señala Gustavo Bueno en el potente final de sus Ensayos materialistas, de 1972, sus más altas cotas de interés filosófico.
Un interés que, nos parece, también hubo de ser apreciado por José Revueltas cuando habría de afirmar, en su Dialéctica de la conciencia, que "el sometimiento de las ideologías a la crítica es una tarea de la razón dialéctica: ya no corresponde a la ciencia, corresponde a la filosofía. Marx, en El Capital, hace a la vez una crítica de la economía política y una desmitificación de las ideologías. El Capital es, a la par, científico y filosófico. Su crítica revela la realidad íntima, esencial de la apariencia, al mismo tiempo que subvierte sus expresiones ideológicas, las hace estallar de un doble tiro".
Estamos persuadidos de que es sólo desde una perspectiva como ésta como nos será posible darle paso a un proceso de trituración y reconstrucción crítica, considerado por nosotros imprescindible dadas las circunstancias actuales de la economía política mundial, a través del cual estemos en posibilidad -y sin dejar de considerar que podamos fallar en el intento- de ofrecer con la mayor consistencia posible una plataforma doctrinaria que, desde el costado práctico de la razón económica, pueda irnos acercando a una forma singular y, sin duda, siempre renovada -atendiendo a la necesidad filosófica y dialéctica de contar con esquemas cada vez más potentes para incorporar todo lo nuevo- de socialismo económico político; un socialismo que, de momento, perfilamos tentativamente desde las consideraciones hechas por Gustavo Bueno en su fundamental Ensayo sobre las categorías de la economía política, de 1972, según las cuales la razón económica socialista debe ser vista como una forma de prudencia política que se organiza, no ya en torno al ahorro o a la escacez, cuanto a la recurrencia de la producción y el consumo:
"...me parece que los argumentos en favor del incremento de la racionalidad económica en el socialismo, respecto del capitalismo, pueden ser mucho más potentes desde la concepción de la Razón económica como esa singular forma de 'prudencia' que se organiza en torno a la recurrencia de la producción y del consumo, en tanto la producción es siempre composición de factores. El centro en torno al cual girará la Razón económica no será, formalmente, obtener un gasto menor (siempre concepto relativo a otras opciones), o un ahorro, o el administrar bienes escasos, o elegir los factores que produzcan resultados de "bienestar social óptimo" o proceder con realimentación..., sino el conseguir la recurrencia, en las diferentes líneas que se consideren (individuales, empresariales, estatales), no siempre compatibles entre sí. Y el problema fundamental de la Razón económica no será tanto "elegir entre posibilidades alternativas", sobre un horizonte de escasez, cuanto "elegir alternativas de composibilidades", sea en la escasez, sea en la superabundancia, pero de tal suerte que la recurrencia del sistema quede asegurada. Pero el número de composibilidad aumenta al aumentar la complejidad de la producción cultural: por ello aumenta la intensidad de los problemas económicos. En nuestra tesis, lo que hace necesaria la Razón económica no es formalmente la realidad de la escasez, cuanto la existencia de incompatibilidades y de inconmensurabilidades entre recursos acaso superabundantes, pero cuya composición coyuntural es capaz de bloquear la recurrencia del sistema". (Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de la economía política, 1972, p. 164)
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